Como no tenían el material prometido, ya que todo había sido una farsa de Jorge Rodríguez, decidieron entrones comenzar a hacer el trabajo de producción de videos incriminatorios con un guión hecho por los miembros del G2 cubano.
El Capitán Rafael Acosta no se quiso prestar a los videos falsos, y por eso los funcionarios del DGCIM quisieron convencerlo utilizando técnicas de tortura física para obligarlo. En su celda, comenzaron la operación con un tobo de excrementos humanos descompuestos.
Le metieron la cabeza en el tobo lleno de "mierda" de los demás presos políticos, para intentar ahogarlo. El capitán soportó. Después lo llevaron a una sala, le quitaron toda la ropa y le amarraron alambres en sus orejas, los dedos de los pies y también en sus partes íntimas. Lo amenazaron con activar la electricidad si no cooperaba para la filmación de estos videos, pero el Capitán ya estaba decidido a no dejarse obligar a hacer nada ya que todos los demás presos políticos habían sobrevivido a las torturas y a él no le pasaría nada más que esto.
Uno de los guardias llamó por teléfono a su superior, y este le dijo que activaran la electricidad a cada 10 minutos hasta que lograran hacerlo ceder. Tras 40 minutos, el Capitán ya no tenía sus sentidos y después de haber desmayado 2 veces, ya no volvió a despertar.
Ahora los guardias se ponen nerviosos ya que las órdenes no eran de asesinarlo, y con el cadáver colgado de una reja metálica, y los evidentes signos de torturas ya no sabían que hacer. Uno de ellos se puso demasiado nervioso y llamó a sus familiares para contar lo ocurrido, y ellos fueron los que se encargaron de hacer pública la noticia de la muerte del Capitán de Corveta Rafael Acosta Arévalo, que no es el primero ni será el último que el régimen de Maduro se encargue de asesinar con torturas.
Ahora solo se espera que se haga un comunicado de Michelle Bchelet habando sobre los Derechos Humanos, luego, otro comunicado de la ONU y de la OEA, y unas amenazas más del gobierno de los Estados Unidos.
Una semana más de circo en la que entre comunicados y declaraciones políticas las cosas quedarán tal cual como han estado y nadie pagará por esta muerte, como tampoco lo hicieron por las muertes de Fernando Albán ni de Oscar Perez. Una Venezuela que no quiere despertar de la pesadilla, y que se deja llevar por lo que dice un régimen asesino y una oposición sumisa y sin sal.
Fuente: Donlengua.com
